sábado, 27 de abril de 2013

La soledad es peronista.


Estaba pestañeando por una basurita en el ojo cuando en I-sat daban un corto de animación. La pava tiraba su aliento candente por la tapa abollada por una caída accidental. La temperatura no llegaba a los cinco grados, por lo tanto Santa Fe era Santa Fe y todavía Nacho pensaba posible algún guiño de Flor. Le dije a mis viejos si no podían tirarme un poco más de guita al mes, porque a mitad de año siempre nos aumentan... Flor trabajaba, aún así para mantener sus estudios y el alquiler lo que ganaba no le alcanzaba, una buena mina Flor, un bocho en la facultad y también fuera de ella, algo que conjuntamente es un mix interesante. Sí, este año yo ando tranqui, pero tengo que pensar en el próximo ya, el cambio de casa próximo me va a comer los ahorros, Nacho siempre incluyendo un "yo" en la respuesta o lo que algunas veces irritaba más que eso, incluyendo una respuesta donde no se preguntó nada. Flor apagó la hornalla. Las burbujitas dentro de la pava saliendo a flote, explotando ansiosas por el encuentro con el café instantáneo en el fondo de una taza. Nacho se arrancó un pucho y le ofreció uno a Flor. ¿Qué se te dio porque charlemos? Parecía agresivo pero no lo era. No quiero que pienses que es porque me siento sola, después de un tiempo largo empecé a necesitarte capaz. Nacho dejó el cigarrillo en el cenicero que tenía grabada una bandera de Italia, recuerdo del intercambio universitario de Flor, ¿me extrañás? le preguntó, seguidamente tomó el primer sorbo de un café que todavía estaba muy caliente. No boludo, bah, no de la forma que esperás. Se extraña o no se extraña Flor. Corrió la cortina de la ventana, una niebla liviana impedía la visión lejana aunque no opacaba el brillo de la luna. Si vos decís. Algo inquietante es el reflejo de las personas en la ventana. Se sentó. Quería saber de vos, hace tanto que no nos hablamos. Que no quisiste hablarme. Basta Nacho fue por algo, y me parece que fue apresurado volverte a ver ahora. Está bien, no hablemos si no querés, tomó tres sorbos dejando la taza por la mitad, aún el calor le lastimaba. ¿El cursado? Bien, curso pocas, quiero rendir algunas, cursando un par no se me hace tan complicado. La cucharita golpeteaba el fondo de la taza, Flor sentía un sentimiento de intranquilidad ante la idea de que el café junto con el azúcar se acumularan en el fondo, era preciso revolver de vez en cuando. ¿Lula? ¿te seguís hablando con ella? Lula... hace tanto que ya no la veo, recibí una postal la semana pasada, me escribió que mandaba un regalito, se lo habrán manoteado en el correo... La última postal la mandó desde Venezuela, nunca pude contestarle nada, muchas veces siento que sería al pedo mandar algo. Pobre Lula... le pegó fuerte irse. Nacho, lo que le pegó fuerte fue cuando lo agarraron a Chuli, tan sola debe sentirse. Las partículas de azúcar jugueteaban chocándose cada milisegundo dentro del café ya tibio, de todo ese movimiento nada estaban enterados Flor y Nacho, el frío entraba en la casa. ¿De los otros tenés noticias? Ni siquiera un mensaje, está bien, no son tiempos para confiarse de la tecnología. Nacho se levantó de la silla, apagó el pucho y se paró frente a la ventana que no mostraba mucho más que la neblina asfixiando unos arboles en la vereda. Extrañaba tanto como Flor. Las tazas ya no largaban tanto vapor como hace unos minutos. Flor tomo un sorbo y rápido fue a apoyarse en la mesada agarrando con sus dos manos la taza queriendo aprovechar aquel calor que se iba. Lo miraba. Nacho tiró una sonrisa en dirección a ella, acertó. Nos sentimos tan solos Flor, le dijo. Flor fue a su lado, miraban la ventana y sus manos se apoyaban innecesariamente en el marco. Pensaba si podíamos reconstruir todo. Nacho sabía que era imposible, muchos ya no están. Su mano izquierda volvía como hace un tiempo a encontrarse con la cintura de Flor. Respiraron profundo. Estaban muy solos y la niebla se había apoderado hasta de los ruidos. El café se enfrió, la revolución nos empezó a parecer incómoda y las dos cosas eran intomables.

Ay canción, que se me cierra el pecho una palabra broncada atosigada entre bronquios una llanteada que ni te cuento, ni te llanto cumpa. ...