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lunes, 7 de marzo de 2011

¿Y ahora qué pasa, he?

Mis viejos casáronse porque no querían que fuera bastardo. Vestíanme con ropas caras a crédito para que no se notara que era pobre. Sobreprotegiéronme para que fuera un Chicobien. Educáronme para que sea lo que quisieran ellos que yo sea. Olvidáronme cuando fuime. Llóranme. Jaja.
Y cuando fuime no llamaron. Quedé desamparado y solo como solo siempre lo había quedado. Maldito Malhijo, idose de su casa dejando tristes a Mama y Papa // No se dejen embaucar por la versión de otros, tan subjetiva, de mis decisiones amiguitos míos, soy el tipo más objetivo e imparcial para contarles la historia de mi versión de la vida mía // Teléfono de psicólogo siempre presente y sin estrenar en mi pequeña billetera, justo entre una medalla de no se cual santo y una imagen de Bob Dylan envuelta en plásticoco. Cocólogo.
De más está contarles que un joven nuevo conoce a gente en lugar nuevo, pero cuando conoce a una joven nueva de Glauca mirada interesante, la conoce más, le gusta, y se lo dice, oh, ¡pero cuidado! las Malhijas nunca están solas Malhijos y amigos míos.
Tipo nuevo, ciudad nueva, Malhija única que toma un subte en estación Retiro sin acompañarse de nadie otro, trabajo nuevo. Comióme la vida y mi salud el trabajo en municipio manipulando carteles y siendo formal con otros seres que venían de clases altas donde no existen los problemas comunes de nosotros, oh no amigos míos, a los falsos con falsedades, siempre lo he pensado así. Así subí alto, no creerían cuán alto ni aunque fueran palabras escritas por el mismo Dios que es un gordo mórbido que come papas fritas de vez en cuando en el cine barato que llamó Tierra. En el cine barato se proyectan las vidas, amiguitos, las suyas y las de los que conocen. Mi Película le habrá causado buenas carcajadas al Mórbido ese tal.
Subí alto y alto y alto y en lo alto me enseñaron que la mejor azúcar no se come, se snifea. Y mi cara snifeó lo bastante como para que mi cabeza volviérase paranoica. tocaba las caras de todos los que miraban a la Malhija que me gustaba, las tocaba con mis nudillos y era divertido. Y era divertido. Vender cosméticos caros a los grandes peces de allá arriba que miraban de arriba y miraban duros y gobernaban duros, dinero por todas partes mis amigos. Malhija dejome. Será el único ser que comprenderé en toda mi Película de comedia.
Inspecciones y cultura represiva interna por la rebelión conservadora de la sociedad, acabaron mi negocio con esos peces gordos, que ya no podían gobernar duros, sino que tenían que gobernar blandos pues los soldaditos del Mórbido ahora controlaban el Estado.
Je desprotegido, sin muchas armas en ese nuevo lugar que todavía era nuevo por la desconexión social a la que me sometía por mi profesión, Je no podía mostrarme tanto, aunque los de la ley eran los mejores y míos clientes, Je seguía fuera de la ley del Estado y, según los actuales soldaditos, también fuera de la ley del Mórbido carcajaroso.
¡Solo! fui mandado por la Situación a la jauría de las calles en las que los lobos maltratados por mi puño, vivían libres y salvajes, y más salvajes con los nuevos al mando. Fusilamientos entre civiles y toda la cosa, ¿vieron, eh?
Asísí fue como una noche encontráronme los cararotas que, rotas las caras por mi, por alojar ojos curiosos de la Malhija, lucían terriblemente mal. No solo eso, ellos vestían mal, olían mal, y las armas rudimentarias salían de todos los ellosbolsillos. Les sonreí con todo el cinismo que pude, oh sí que puedo usar mucho cinismo con esos pelotudos. Agarráronme, con más bronca los todos, y me reventáronme a piñas y patadas mientras les sonreía, nada tuvieron de compasión por un tipo que fue malchaqueado por el Estado de forma tan sangrosa. Y ellos lo sabían, y ellos luchaban contra la represión, ellos decían, y si yo no hubiera sido el objeto del odio de sus brazos y pies, si yo hubiera sido otro malchaqueado hubieran dicho "¡Pobre!" en alguna publicación de fanzine con historia de vida y toda la cosa, solo para hacerse los humanistas. Pero era yo amigos, el muy nobastardo que había mirado ojos glaucos y avanzado sobre ellos y besado la boca que estaba debajo de ellos. No hubo pensamientos elevados en los golpes que me daban, era la violencia la que flameaba en sus ellosojos y era la brutalidad del ordinario y sentía nauseas de que sus calzados sucios me tocaran tan fuertemente y que sus manos olorosas me rasparan la cara. Y abandonado por la gente que decía nunca abandonar. Oh sí, podían verme ahí tirado, espichando, exhibiendo en mi cara lágrimas de mis sosojos, que no eran glaucos, que eran tristes. Pero, Jaja.
Tomo agua.
Llégome con tres heridas, la del amor, la de la vida y la de la casi muerte a un sanatorio de enfermeras pelirrojas y doctores alzados con ellas. Curáronme sin saber quién era, exponentes de las pocas nice people que conocí en mi Comédica vida. Fuime de ahí recuperado físicamente, esta vez en busca de la Debotchka, porque era lo que realmente interesaba. Comprendo Oh sí... eso... y solo les queda, si quieren, desearme buenos lugares nuevos únicos para buscarla, mis únicos amigos míos.

Para Evelyn, con afecto.


Ay canción, que se me cierra el pecho una palabra broncada atosigada entre bronquios una llanteada que ni te cuento, ni te llanto cumpa. ...